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Las amapolas del olvido

Hay libros que son como una fotografía del corazón abierto del autor, o como un grito desesperado o una válvula de escape a través de la que el escritor se comunica con el mundo a modo de terapia, para no caer en la locura o en la depresión. En estos casos, los libros sorprenden por lo honestos, conmovedores y crudos que pueden llegar a ser, pues no se trata de novelas inventadas sino de vidas reales, testimonios cuyo objetivo es sacar a la luz algo que el autor no puede seguir cargando solo. Tal es el caso de Las amapolas del olvido, un relato biográfico en el que Andrea Gillies nos cuenta con total serenidad y crudeza el tiempo que pasó al cuidado de su suegra enferma de Alzhéimer. Lo que para muchos puede parecer una muestra admirable de amor, fidelidad y sacrificio, queda reflejado en este libro como una odisea llena de ternura, afecto, lealtad, sacrificio y entrega, pero a la vez, y cada vez más, de una dureza casi inhumana, tremendamente actual y, ante todo, aterrador por lo que a la pérdida de la esencia de Nancy se refiere.

Cuando descubren la enfermedad de Nancy ésta ya lleva meses viviendo de manera casi infrahumana junto a un marido que apenas puede andar. Tras probar a mudarse más cerca de ellos, Andrea y su marido se dan cuenta de que la única opción factible es mudarse a vivir con ellos, puesto que la necesidad de atención de Nancy es cada vez mayor. Para ello, compran una vieja casona en el norte de Escocia, en mitad de la nada y se mudan allí llevándose con ellos a sus tres hijos adolescentes, a su suegro impedido y a su suegra cada vez más enferma. Comienza así un periodo de casi dos años en el que el estado de Nancy empeora cada vez más, pasando por todas las etapas de una enfermedad que destruye la memoria y, con ella, todo lo que Nancy ha sido.

El relato de Andrea Gillies es estremecedor y tierno a la vez. Plantea sin pelos en la lengua las dificultades que supone cuidar a una persona que no reconoce a su marido ni a su hijo, una anciana que puede ser violenta, incapaz de hacer nada por sí misma (vestirse, asearse, comer) pero que sigue siendo una mujer adulta consciente del respeto que merece.

Además de que el relato de por sí es verdaderamente interesante, contado con sencillez a modo de diario novelado, lo que a mi juicio aporta a Las amapolas del olvido el grado de obra imprescindible son las reflexiones sobre el Alzhéimer que Andrea Gillies va aportando a lo largo del libro, entremezcladas con la narración de su historia y siempre en consonancia con ella. Imprescindible porque el Alzhéimer es una enfermedad que está a la orden del día y, sin embargo, da la impresión de que todo queda en la intimidad del hogar o de la residencia, que el Alzhéimer es una enfermedad que afecta sólo a los mayores y que no repercute en los demás. Las amapolas del olvido es un testimonio estremecedor, fuerte, conmovedor y real sobre cómo una enfermedad tan común afecta a una familia y a su entorno, y reta al lector a informarse y preocuparse más por ella.

Me han gustado sobre todo las reflexiones de Andrea Gillies en torno a qué es el ser humano, qué pasa con nosotros cuando nuestra memoria desaparece y ni siquiera sabemos quiénes somos, cuando desaprendemos todo lo aprendido en un proceso doloroso y lento que acaba con la muerte, o cuál es la esencia del ser humano y dónde se encuentra… Andrea Gillies habla sin tapujos, con la autoridad que le da haber pasado tanto tiempo conviviendo y cuidando a una persona con Alzhéimer, y consigue de manera espectacular introducir al lector en un mundo sin recuerdos, en el que recordar, regañar, repetir e intentar enseñar de nuevo no sirven para nada, donde la paciencia y el amor son lo único verdaderamente efectivo. Un mundo humano y real, crudo y doloroso, y desgraciadamente más cercano de lo que nos gustaría.

Absolutamente recomendable.

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