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De Nuestra América

De Nuestra América

De Nuestra América tiene como objetivo la entrega, en principio quincenalmente, de una selección de análisis alternativos de la situación en América Latina y El Caribe que lamentablemente no tienen cabida en la llamada “gran prensa”. Los trabajos aquí aparecidos, gracias a la cortesía de la Libraría Aira das Letras, que nos brinda este espacio, no necesariamente son coincidentes con los criterios de Aira das Letras y tampoco con los del Editor; simplemente se busca que el lector logré encontrar otras fuentes para analizar un área tan cercana a la historia de la Península Ibérica. Sólo podrán considerarse como criterios del Editor los trabajos que en este blog se encuentren avalados por su firma.

Eddy E. Jiménez
Editor


Editorial

Paraguay: usan la cruz pero no creen en ella

Los hechos acaecidos tras la desaparición física del presidente venezolano Hugo Chávez han motivado que los analistas políticos hayamos puesto nuestros ojos en Venezuela, donde se decide a corto plazo no sólo el destino de ese país y si también el de Latinoamérica y el Caribe. Sin embargo, muchos otros hechos políticos, de suma importancia, han tenido lugar en diversas partes de Nuestra América durante estas últimas semanas.

En Paraguay, las elecciones presidenciales llevadas a cabo el pasado 21 de abril ponen al desnudo una vez más la “nueva” táctica usada por los EE.UU. contra los gobiernos progresistas del área. Entrecomillamos “nueva” porque en realidad lo único novedoso radica en el estilo, pues si de golpes de estado se trata América Latina ostenta un récord nada envidiable y tras cada uno de ellos se pueden observar las manos, por no decir las garras, del Vecino del Norte.

No vamos a ahondar en otros métodos que estamos seguros no descartan, pero resultan mucho más costosos políticamente; nos referimos a las intervenciones militares indirectas, con total apoyo militar, o a las directas.

Entre las primeras se pueden citar las invasiones a Guatemala, en 1954, y a Cuba en 1961; en este último caso, por primera vez, una invasión preparada minuciosamente y sin escatimar recursos por parte del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia, fue derrotada en menos de 72 horas en las arenas de Playa Girón.

Ante el descalabro citado, que marcó una era, los EE.UU. “priorizaron”, entre sus tácticas, las intervenciones directas, alternativa que no habían utilizado desde que Franklin Delano Roosevelt proclamó la llamada Política del Buen Vecino. Así los marines desembarcaron en República Dominicana, 1965, y Granada, 1963.

Volvemos a entrecomillar, en este caso “priorizaron”, porque aún en este siglo no han abandonado ninguna de las dos prácticas, ni las intervenciones directas ni las indirectas, simplemente las han mimetizado y las utilizan acorde a la conveniencia política.

En Haití, el exsacerdote saleciano Jean Beltrand Aristide, militante de la Teología de la Liberación que llegó a la presidencia mediante elecciones, fue derrocado en fecha tan reciente como el 2004, tras una feroz campaña de descrédito y desestabilización que incluyó la utilización de fuerzas paramilitares entrenadas en el exterior y posteriormente el país fue ocupado por fuerzas militares de los EE.UU., Canadá y Francia.

Pero volvamos al tema central, los golpes de estado de “nuevo tipo”. La triste y larga historia de los “cuartelazos” en América Latina alcanzó su clima en la década de los años sesenta cuando se sucedieron en todos los países del área, salvo excepciones en que los intereses estadounidenses estaban totalmente resguardados.

Ahora, ante el rechazo de los pueblos e incluso de los burgueses más “lúcidos” -motivados por sus propios intereses- contra las dictaduras fascistas que asesinaron a cientos de miles de latinoamericanos y también conocedores de que en el proceso integracionista que tiene lugar en el área no hay cabida para los clásicos dictadores surgidos de golpes de estado castrenses, los EE.UU. conjugan viejas experiencias con formas más refinadas para obtener resultados parecidos.

El inicio de los planes golpistas resulta común a los ya experimentados durante décadas: la previa desestabilización, con el apoyo de las trasnacionales y las oligarquías criollas.

Por citar el caso más conocido, en Chile comenzaron a desestabilizar al gobierno de la Unidad Popular aún antes de la toma de posesión del presidente Salvador Allende, con el asesinato del general constitucionalista René Schneider y se extendió mediante sabotajes de todo tipo, paros empresariales y fracasados intentos golpistas para fraccionar a las fuerzas armadas de ese país, en cuyo seno existían militares, incluso en las más altas graduaciones, apegados al cumplimiento de los mandatos constitucionales; el ya citado René Schneider  y los también generales Carlos Prat y Alberto Bachelet, resultan los ejemplos más conocidos.

Con un país ya desestabilizado, el pretexto esgrimido para los cuartelazos variaba, según el caso, entre la necesidad de salvarlo del caos o del comunismo.

Tras la desaparición del campo socialista europeo, fueron más prolijos en la utilización de argumentos para derrocar a gobiernos progresistas: “respeto” a los derechos humanos -algo irónico, pues los EE.UU. es la nación que menos respeta los derechos humanos en el mundo-, necesidad de llevar la paz a otros países donde los gobiernos han “fragmentado” a la sociedad -como es lógico, en referencia a la oligarquía tradicional altamente dependiente del imperialismo-, falta de “libertad de expresión” -cuando ellos ostentan el control mundial de la dictadura mediática-, lucha contra el narcotráfico -mayor consumidor de estupefacientes que poco hace para remediar esa situación-, “represión” contra minorías étnicas -en Norteamérica casi han sido exterminados los naturales; entre otros, estos falaces pretextos son esgrimidos de acuerdo a la conveniencia de los grupos de poder del centro del imperialismo mundial.

El actor para llevar a cabo golpes de estado tampoco ha variado, aunque busquen legitimarlos a través de una fachada civilista, valiéndose de los parlamentos. Las fuerzas armadas en su conjunto o sectores de ella, han resultado el instrumento para intentar o lograr imponer sus propósitos.

Tras bien fabricados procesos desestabilizadores sobrevinieron los fallidos golpes de estado contra Hugo Chávez en Venezuela, 2002, (en que estuvo secuestrado por los golpistas durante dos días) y Rafael Correa en Ecuador, 2010 (también secuestrado por sectores policiales y rescatado por el ampliamente mayoritario sector constitucionalista de las fuerzas armadas);  el desconocimiento del resultado electoral que dio el triunfo a Nicolás Maduro, el pasado mes de abril, iba encaminado a otra intentona que logró ser abortada.

En cambio, los golpes de estado contra los presidentes de Honduras y Paraguay, Manuel Zelaya, 2009, y Fernando Lugo, 2012, respectivamente, alcanzaron el objetivo de derrocar a estos mandatarios progresistas. En ambos casos fueron esgrimidos pretextos legalistas, pero la realidad es que sin el apoyo de las fuerzas armadas las asonadas no hubiesen triunfado.

Cabe destacarse que Zelaya y Lugo no alcanzaron la presidencia en comicios donde los partidos políticos que los postulaban respondieran a ellos y como es lógico a las ideas políticas que representaban; tampoco intentaron construir y organizar durante sus gobiernos movimientos populares que les fuesen fieles. Por el contrario, Chávez, Correa y Maduro tuvieron a su haber el contar con fuerzas partidarias bien estructuradas para triunfar en los procesos electorales y utilizarlas, igualmente, para frenar los intentos sediciosos; tanto Chávez como Correa se dieron a la tarea de crear y organizar sus propias huestes partidistas antes de lanzarse a las contiendas comiciales.

¿Entonces, si la previa desestabilización y los actores son constantes que se mantienen, en qué radican las “novedades” en relación con los golpes de estado del pasado siglo?

La “novedad” estriba en desaparecer la repudiada imagen del dictador militar que a sangre y fuego acalla los intereses populares, mientras salvaguarda los del imperialismo y las oligarquías, a la vez que se perpetuaba en el poder o lo rotaban dentro de la cúpula militar. En los casos hondureño y paraguayo, que eran los eslabones más débiles entre los mandatarios progresistas que habían llegado a gobernar, los golpistas se valieron de la propia institucionalidad burguesa, a través del poder legislativo, para derrocarlos.

De esa forma mostraron a la opinión pública una falsa imagen de legalidad y para disipar cualquier duda, como quiera que ambos países estaban abocados a nuevos comicios presidenciales, las nuevas “autoridades” no los pospusieron.

También en ambos casos, durante el período que medió entre las asonadas y las elecciones presidenciales los grupos de poder imperialistas y las oligarquías, aprovechando la ausencia o la impotencia de los líderes y la ausencia de partidos o movimientos populares sólidos, bien estructurados y combativos, aplastaron la resistencia interna, la acallaron, le aplicaron políticas fraccionalistas y la redujeron a un estado de indefensión que no les permitía, dentro de la institucionalidad burguesa, participar con la más mínima esperanza de victoria en una contienda electoral.

Como resulta lógico, también en los casos de Honduras y Paraguay las “autoridades” surgidas de los golpes de estado institucionales contaron con el apoyo de los grupos de poder extranjeros y nacionales y fueron reconocidas por el gobierno de los EE.UU.

Queda claro que el gobierno estadounidense otorga el reconocimiento diplomático acorde a los intereses imperiales; hasta el momento de redactar estas líneas no ha reconocido y pone en duda el triunfo electoral de Nicolás Maduro en Venezuela, aún cuando todas las naciones del mundo lo han reconocido y ninguna de las organizaciones internacionales que acompañaron los comicios han puesto en duda su validez y honestidad.

En el caso paraguayo, el que hoy nos ocupa, pese al maquillaje institucional, las “autoridades” golpistas no lograron ser reconocidas diplomáticamente en su entorno; la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), el Mercado Común del Sur (UNASUR) y la Comunidad se Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) optaron por excluir a ese país hasta tanto se efectuaran los comicios.

He ahí la trampa. Dentro de los cánones de la institucionalidad burguesa, vigentes en el área, no existen razones para rechazar a un gobierno que electoralmente alcanzó el triunfo, aunque las fuerzas progresistas hayan sido reducidas previamente a la indefensión, porque “legalmente” pueden presentarse a las contiendas.

Tampoco importa que la compraventa de votos haya sido constatada -desgraciadamente es una práctica común para casi toda Latinoamérica- o que en el Chaco Paraguayo, según la propia desprestigiada OEA, miembros de las comunidades indígenas fueran transportados a los centros de votación, después de mantenerlos encerrados en estancias durante días -también desgraciadamente, salvo en Bolivia, Ecuador y Venezuela, nuestros naturales no cuentan políticamente; varios fueron los señalamientos, pero ninguno capaz de deslegitimar los comicios de acuerdo a las reglas de juego burguesas.

El titulado por el pueblo Obispo de los Pobres, Fernando Lugo, el que inspirado en la Teología de la Liberación intentó procurar una vida digna para todos los paraguayos que en un 40 por ciento viven en la pobreza, el político que quiso cambiar el país sin ser líder de un partido y en su decir, de todo un pueblo, el que llamó sólo a la resistencia pacífica ante los golpistas para evitar derramamientos de sangre, el que creyó que con la cruz iba a pacificar a transnacionales, oligarcas y militares, ya no será quien represente a su país en las instituciones regionales.

Horacio Cartes, multimillonario que controla todo un conglomerado de empresas que van desde embotelladoras de refrescos, con sucursales en los EE.UU., terrateniente dedicado al cultivo de soya y el tabaco, titular de bancos, casas de cambio y empresas financieras, presidente del club de fútbol Libertad, campeón paraguayo en 2012 (el deporte como anestesia para el pueblo), prisionero durante tres meses, en 1985, por evasión de divisas y según un informe diplomático, del 5 de enero de 2010, divulgado por WikiLeaks, investigado en los EE.UU. por venta de drogas hacia Norteamérica desde la Triple Frontera (que tanto codician las trasnacionales y abarca los territorios limítrofes de Brasil, Paraguay y Argentina), será el dignatario que represente a Paraguay en la región y ante el mundo a partir del próximo 15 de agosto.

¿Gobernará “a billetazo limpio”, como dicen sus enemigos políticos?

¿Acaso lo hará a billetazo y plomo, como lo hizo el sangriento exdictador Alfredo Stroessner (1954-1989)? A fin de cuentas el Partido Colorado, ayer sostén político de Stroessner ahora lo será de él, pues gracias a su corrupta maquinaria fue “electo”.

Este confeso católico (posiblemente milite en el Opus Dei) que constantemente invoca a dios y a la virgen, tratará de gobernar “a billetazo limpio”, pero si así no le resulta lo hará a plomo, como lo hizo su “ilustre” antepasado político.

Nada amigos, que imperialistas y oligarcas usan la cruz, pero no creen en ella.

Eddy E. Jiménez


De Nuestra América – Año 02 – Número 41 – Fecha 2013-05-15


De Nuestra América – Año 02 – Número 40 – Fecha 2013-05-01


De Nuestra América – Año 02 – Número 39 – Fecha 2013-04-15


De Nuestra América – Año 02 – Número 38 – Fecha 2013-04-01


De Nuestra América – Año 02 – Número 37 – Fecha 2013-03-15


De Nuestra América – Año 02 – Número 36 – Fecha 2013-03-01


De Nuestra América – Año 02 – Número 35 – Fecha 2013-02-15


De Nuestra América – Año 02 – Número 34 – Fecha 2013-02-01


De Nuestra América – Año 02 – Número 33 – Fecha 2013-01-15


De Nuestra América – Año 02 – Número 32 – Fecha 2013-01-01


De Nuestra América – Año 02 – Número 31 – Fecha 2012-12-15


De Nuestra América – Año 02 – Número 30 – Fecha 2012-12-01


De Nuestra América – Año 02 – Número 29 – Fecha 2012-11-15


De Nuestra América – Año 02 – Número 28 – Fecha 2012-11-01


De Nuestra América – Año 02 – Número 27 – Fecha 2012-10-15


De Nuestra América – Año 02 – Número 26 – Fecha 2012-10-01


De Nuestra América – Año 02 – Número 25 – Fecha 2012-09-15


De Nuestra América – Año 02 – Número 24 – Fecha 2012-09-01


De Nuestra América – Año 02 – Número 23 – Fecha 2012-08-15


De Nuestra América – Año 02 – Número 22 – Fecha 2012-08-01


De Nuestra América – Año 01 – Número 21 – Fecha 2012-07-15


De Nuestra América – Año 01 – Número 20 – Fecha 2012-07-01


De Nuestra América – Año 01 – Número 19 – Fecha 2012-06-15


De Nuestra América – Año 01 – Número 18 – Fecha 2012-06-01


De Nuestra América – Año 01 – Número 17 – Fecha 2012-05-15


De Nuestra América – Año 01 – Número 16 – Fecha 2012-05-01


De Nuestra América – Año 01 – Número 15 – Fecha 2012-04-15


De Nuestra América – Año 01 – Número 14 – Fecha 2012-04-01


De Nuestra América – Año 01 – Número 13 – Fecha 2012-03-15


De Nuestra América – Año 01 – Número 12 – Fecha 2012-03-01


De Nuestra América – Año 01 – Número 11 – Fecha 2012-02-15


De Nuestra América – Año 01 – Número 10 – Fecha 2012-02-01


De Nuestra América – Año 01 – Número 09 – Fecha 2012-01-15


CELACLas imágenes de la bandera y el escudo de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños dan significado al editorial que no vamos a redactar; ellos representan los 200 años del inicio de nuestras luchas independentistas y los 185 del primer intento integracionista. Significan el inicio de un difícil camino que si no fue recorrido antes se debió, en gran medida, a la injerencia extranjera y que hoy, como dijera el presidente uruguayo, José Mujica, aún “no tocaremos el cielo pero subiremos unos escaloncitos”.

Nos comprometemos ante nuestros lectores a hacer un exhaustivo análisis de lo alcanzado en la Cumbre fundacional de la CELAC y los retos que deberá enfrentar.

Eddy E. Jiménez

CELAC
De Nuestra América – Año 01 – Número 08 – Fecha 2011-12-15
DOCUMENTOS OFICIALES:


De Nuestra América – Año 01 – Número 07 – Fecha 2011-12-01


De Nuestra América – Año 01 – Número 06 – Fecha 2011-11-20


De Nuestra América – Año 01 – Número 05 – Fecha 2011-11-01


De Nuestra América – Año 01 – Número 04 – Fecha 2011-10-15


De Nuestra América – Año 01 – Número 03 – Fecha 2011-10-01


De Nuestra América – Año 01 – Número 02 – Fecha 2011-09-01


De Nuestra América – Año 01 – Número 01 – Fecha 2011-08-01

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1 comment to De Nuestra América

  • Efectivamente, os movementos do imperialismo mostran cada vez menos pudor, sobre todo valéndose dunha sociedade apática que segue a considerarse, dun xeito completamente etnocéntrico, a “boa civilización occidental”.

    Dende un comezo, dende Tunisia e Exipto, estaba cantado que o paso seguinte sería Libia. Exipto e Tunisia foron o pretexto, unha loita pola liberación contra uns tiranos que pouco antes eran “amigos” dos líderes europeos; igual que o fora Gaddafi.

    Porén, unha simple análise superficial do asunto é abondo para ver as escuras, as petroleicas, intencións da OTAN. Pensemos, sen máis, nas cabeceiras da imprensa escrita ou os dos telexornais. Ademais de beatificar a uns rebeldes dos que se descoñece a orixe, o seu adestramento e de onde sacaron o seu arsenal, os feitos aos que máis importancia deron foron aqueles referentes a toma de enclaves como Rās Lānūf e Marsa al Brega, principais portos exportadores de petróleo. Polo demais, como se pode afirmar que non se está a intervir mentres se están bombardeando núcleos “gaddafistas” onde, por certo, tamén hai poboación civil?

    Con que dereito se erixen como xuíces do mundo? Con que autoridade “axudan” a eses pobos que viven “ancorados no pasado” e soxuzgados por presuntos tiranos cos que antes tan ben nos levabamos? E como elixen o obxectivo da súa “axuda”. Dende o punto de vista que a OTAN defende, o caso de Siria non debería ser tratado como Libia? Dende a defensa da liberdade para os pobos do Proximo Oriente da que presumen os USA, non é xusta a reivindicación da constitución dun Estado Palestino?

    Por outra banda, certamente, resoan ecos de 15-Mimetismos no cono sur. E efectivamente, son moitos os indignados(?) que queren universalizar a súa reivindicación, sempre baixo o amarelo e negro do anarcocapitalismo, esa ideoloxía na que o mercado e o interese individual son os reis. Porén, se ben se estenderon reivindicacións que, por outra banda, hai ben anos levan como bandeira moitos movementos de liberación nacional e antiimperialistas, o certo é que o que callou na sociedade civil foron as consignas do tipo “a política é mala”, “todos os políticos son iguais”, “non hai pan para tanto chourizo”, “ten que tomar as rendas quen as ten que tomar”… perigosamente semellantes as consignas que Queipo de Llano lanzaba dende Radio Sevilla. O apolitismo que uns pregoan é o berce do fascismo. Pensemos en Ourense, en que se materializou a indignación? En dous escanos para Demagoxia Ourensana. O apolistismo que uns pregoan é o berce do fascismo. E, en canto, o imperialismo frega as mans e vai colocando satélites onde mellor lle convén para os seus intereses.

    Non é tempo de indignación reformadora do sistema. É tempo de romper o sistema.

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